Mi derrota no es la derrota de un partido, ni tan siquiera de una idea. Quiero que ese concepto quede claro. Es la victoria de lo ruin, de lo deleznable. Es el triunfo de la corrupción lo que me apena.

Asumir que uno vive en un país de corruptos es duro, se te hace cuesta arriba. Te sientes menos español, menos inteligente y más absurdo.

Cuando el agua te fluye en dirección contraria hay dos opciones: o vas a contracorriente o no sabes nadar y estás haciendo aspavientos como un loco. Yo soy de esas personas extrañas que reúne los dos requisitos: no sé nadar y está claro que me muevo sin sentido.

¿Qué esperabas? Me preguntó a mí misma muchas veces. Y la respuesta no está en lo que yo esperaba; la veo cristalina en lo que no creía. Se me hace imposible asumir que tantos millones de españoles apuesten por esto. Y lo respeto, claro que lo respeto –profundamente-  ¡Faltaría más!  Ojalá todos tengan razón y yo sólo sea una estúpida equivocada. Ojalá que mi país se convierta en uno mejor, con trabajo para todos, sanidad garantizada y educación de calidad.

El triunfo de lo injusto pesa. Y se transmite, se hereda. Es la peor pandemia. El mayor mal de las democracias. Los países corruptos no dejan de ser eso: cestos de manzanas podridas. Y dicho esto, quiero dejar clara una cosa: quiero que Rajoy gobierne. No para que lo haga como el culo, en detrimento de todos nosotros, sino para que me demuestre lo contrario.

Afortunadamente para mi yo vivo bien. No me falta de nada. Pero un sentimiento solidario y de justicia me hacía creer que lo mejor era otra cosa. Un sentido de responsabilidad para con mis hijos me impulsaba a pensar que no podíamos consentir tanta vergüenza.

La cruda realidad es esa. Siento vergüenza.

No me parece sensato ni inteligente darles todavía más fuerza. Agacharemos la cabeza y volveremos a nuestras vidas. A leer los casos de corrupción comiendo pipas. A reírle la gracia al que se enriquece a costa del esfuerzo de muchos. A avergonzarnos del plasma de nuestro presidente ¡A verlas venir! Contemplaremos la privatización de servicios públicos, que caerá en manos de alguno con antecedentes penales y le haremos mayor su saldo en paraísos fiscales.

Trabajaremos infinitamente más por muchísimo menos. Nuestros amigos o nosotros mismos apostaremos por irnos fuera, pero no a Inglaterra -donde ya no nos dejarán entrar- por buscar oportunidades, por vivir mejor y por ver la hecatombe de lejos. Nos quejaremos, y lo haremos mucho. Porque después extrañamente nadie los ha votado. Nadie es corrupto.

Seguiremos viendo venir que nuestros hijos vivirán peor que nosotros.

Y como el sentimiento de vergüenza no es solo mío volveremos a mentir en las encuestas. Y volveremos a renegar de haberles votado. Evocando alguna misteriosa actuación de la participación o el desencanto.

Lo que ha quedado claro es que -este- si es país para corruptos. Y a muchos, nos cuesta creerlo.

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s