Blanca Unger Benítez es su nombre. De piel morena y ojos verdes; las pecas le dan aire divertido, el pelo aspecto muy mestizo. De la mano una niña rubia de tez blanca; con grandes y despiertos ojos negros -sin callar en su ademan de adulta- pasean por el Parque del Retiro.

Muchas veces le preguntan si la cuida, con su enorme sonrisa siempre contesta: “Si señor, yo soy su madre”. Nunca se queja.

Tan lejos de su lugar de origen; de su familia. De sus raras raíces, su cultura. De su padre alemán, ya fallecido.

Tan dentro de un país; que ya es el suyo. –Me siento orgullosa de esa España-: la que acogió a tanta gente como ésta; merecedora de una pausa en tanta lucha. De un destino mejor al que venía: de la opción posible cuando hay vida.

Al final el privilegio será nuestro, apadrinar compatriotas como ésta.

Aterrizar de rebote en suelo extraño, tu destino soñado no era éste. Trabajar mil horas por lograrlo, sentir que la apatía está presente.

Los días de nostalgia son los menos. La gente con prejuicios ya no abunda. Y aunque del guaraní ya no dispongo tendré a mí alrededor siempre preguntas.

Llegar a una señora de alto standing; de esas que todavía gastan cofia. Que lo normal sería vislumbrar una gran bruja y no una enferma sola y desvalida. Rica de dolor y sufrimiento. Con ansias de ayudar a quién la cuida. Decirle que te gusta la cocina, que alguien te anime a ir a la escuela. Comenzar fuertemente a conseguirlo, ponerse a estudiar hostelería. Retomar el contacto con los libros. Compaginar, volar de un lado a otro sin pararse. No dar tregua.

Y el esfuerzo se ve a la vuelta  de la esquina: la nacionalidad en un hotel con cinco estrellas. Blanquita le decía un chef famoso; resume con alegría ésta leyenda.

Su vida hecha a mano, en poco tiempo, con el difícil aire que te arrastra. Pasea vigilante de su hija. Se para ante el calor a beber agua, notando una patada en la barriga.

Lejanas se ven ya las cinco estrellas, cambiadas por el amor a sus dos soles.

Muy lejos de Asunción pero muy cerca.

Mirarte es el orgullo de esa España.

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