Siempre se recuerda la primera vez, borrosa e irreal, casi hasta absurda.

Los recuerdos, teñidos de cariño o de tristeza, son dulces o amargos, azucarados como un algodón de feria o salados como sentidas lágrimas solitarias.

Mi primer viaje fuera de España fue a Londres, con mis amigas, con mucha emoción y poco dinero. Lo recordaré siempre con alegría, con nostalgia, con miedo y con nervios. La inseguridad en el aeropuerto, acompañada de flores de Bach (para el mareo), el temor a lo desconocido y la emoción de conocer cosas nuevas, ver sitios distintos, monumentales y muy comentados. Querer absorber cada minuto de una experiencia extraña.

Recuerdo el impacto del neón en Picadilly Circus, el metro atiborrado de gente, el Big Ben. Oír las campanas viendo su monumental reloj, sus guardias, el Palacio de Westminster, las cabinas rojas y los autobuses de dos pisos. Los paseos por Hyde Park, el centro comercial Harrods, caminar por Nothing Hill. Me vienen a la cabeza las cutres cortinas color rosa que colgaban de las ventanas de Buckingham Palace, lo ridículo y anticuado del cambio de guardia.

Recuerdo la complicidad y las risas. El desencanto en el Museo Británico ante los girasoles de Van Gogh: ¡Qué cuadro tan chiquito! La incredulidad ante las cervezas ¡Qué jarras tan enormes!

Recuerdo caminar por Chinatown, avistando desde abajo sus farolillos rojos. Perderse por un barrio musulmán con cierta angustia, percibir la mirada iracunda de muchos hombres. Sentir el miedo a equivocarse: al timo o a perderse, al robo o al engaño.

El descubrimiento de la realidad es como desenvolver un regalo, asoma cierto temor a que no te guste lo que encuentras. La satisfacción llega al ver, quizás no el regalo soñado, pero igualmente algo excepcional, amable y bonito: inesperado. Una ciudad solemne, enorme, un sitio único.

Recuerdo la felicidad de haberlo logrado, sin la pena consciente de que era algo que nunca se volvería a repetir.

La primera vez no se disfruta, pero se vive intentando disfrutarla. Siempre será única e inolvidable. Se recuerda con cariño; aunque su imagen lejana sea ya borrosa.

Relatos de viajes I: Mi primera vez.

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