El fregadero está atascado: ¡qué faena!

Buscas el desatascador, lo acercas al sumidero, presionas, lo tambaleas, haces ventosa, tiras, e inevitablemente comienza a brotar porquería.  Lo hace de manera abrupta, desmedida, casi violenta.

La porquería no gusta, no es agradable, no huele bien, no tiene buen aspecto, pero EXISTE, se suele manifestar por dejadez, desatención y falta de cuidado. Se llega a atascar por acumulación, por abandono…

En esta sociedad avanzada, moderna, malhumorada casi siempre y falta de principios, nunca sabemos que hacer con nuestra excelsa porquería.

De nada sirven los arrepentimientos, los brindis al sol, los visionarios, los salvapatrias o las banderas. Estamos AQUÍ y AHORA. Les toca resolver el conflicto, el atasco, la congestión, la obstrucción, el taponamiento. Les toca despejar este atolladero, hacer el trabajo sucio, dejar descansar la mente de los españoles y dar estabilidad aunque sea mezquina al cerebro de los ciudadanos.

Les toca ponerse a trabajar. (Ser dramático no suele ser de ayuda).

La crisis de un partido político no es el fin de nuestros días, ni tan siquiera es el fin del socialismo ni de la social democracia, es un bache, es una curva cerrada, un escalón desmedido, quizá una trampa mortal, construida con demasiada base, demasiado arraigo y  demasiadas mentiras: una inmunda porquería.

Confiemos en la parte más importante de este país, en nuestras instituciones, en nuestra gente, confiemos en los jueces, en los médicos, en los maestros, en los barrenderos, en los comerciantes, en los periodistas, en los autónomos, en las amas de casa y en los parados. Confiemos en nuestra sabiduría, en la elección del pueblo.

¡Ya nos encargaremos los ciudadanos de poner a cada uno en su sitio!

Tarde o temprano las aguas volverán a transcurrir por otro cauce, lucirán cristalinas, olerán mejor.

En este país ya no se trata de ser de izquierdas ni de derechas, se trata de ser serios, ordenados, de saber gestionar nuestra propia basura.

Algunos tenemos una visión clara, (certera o errónea), del papel que han ido teniendo unos y otros personajes en esta interminable, pesada y ruinosa obra de teatro. Pero todos tenemos ganas de un inciso, de un final (apropiado o no), aunque sea más injusto que otra cosa.

¡Absténganse, pero absténgase YA! ¡Pónganse a trabajar! ¡Abandonen el teatro!

No hacemos caso a la ciencia, el Ecuador siempre será el lugar ideal para que te parta un rayo.

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