Estos días he vuelto a leer Riña de Gatos.

La novela, de Eduardo Mendoza, (Planeta 2010), muestra a un estudioso y metódico inglés, (Anthony Whitelands), que llega a España para efectuar la tasación de una obra de arte perteneciente a una aristocrática familia del Madrid de los años treinta.

A la vista de la convulsa y tenebrosa situación política del país, el conde en cuestión necesita liquidez para hacer frente a una posible salida de España.

El cuadro: un  “enigmático” Velázquez…

Calibrar, valorar, tasar…  Definir con claridad algo tan valioso y tan importante para España. Su arte, su cultura… Su personalidad, su visión del mundo.

Entre amores y desamores, mentiras, confesiones, hipocresía, discusiones y discursos, transcurre la aventura del inglés por nuestro ruinoso país. Su mirada escéptica y atemorizada, su inquietud y su pragmatismo nos hacen ver desde fuera, con absoluta claridad, un montón de cosas… El ambiente caldeado que generaban los políticos exaltados entre la población civil, la pérdida de la cordura y del raciocinio, (primero se disparaba y después se preguntaba).

El daño sin sentido y sobre todo sin retroceso.  El carácter taimado de los españoles. El transcurso de la vida: la del Presidente del Gobierno y la de una joven prostituta.

Ayer recordé este libro viendo la rueda de prensa de Pedro Sánchez. Lo vi, irónicamente reflejado, en otro gran personaje de esta novela: José Antonio Primo de Rivera.

En la novela se describe al hijo del dictador como un hombre muchas veces cabal e inteligente; otras beligerante y testarudo. Trascendió en la historia reciente de este país debido a su propia muerte; a la ocultación de la misma.

Lo encarcelaron en marzo del 36 en la cárcel Modelo de Madrid, para trasladarlo a Valencia en el mes de junio. Allí, en un régimen especial de visitas y comunicaciones le sorprendió la guerra.Todo lo que le pueda sorprender a uno de sus grandes instigadores.

Dicen los malpensados que a Franco no le interesaba la liberación de Primo de Rivera y que no puso en ella demasiado empeño (por eso no la logró). Lo fusilaron en el mes de noviembre y su muerte permaneció oculta durante más de dos años.

Entre tanto, el Caudillo dispuso a su antojo de esa Falange que odiaba y aborrecía; esa que tan bien haría luego su trabajo sucio.

Terminada la guerra se hizo oficial la muerte del ausente, y se llevó a hombros su féretro desde Valencia hasta el Escorial (sin tocar ni un segundo el suelo).

En sus últimos días, con gran arrepentimiento, dicen que José Antonio Primo de Rivera solo pedía la paz, el fin de la contienda: “Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera…” 

Nació la figura de un mártir.

El libro no habla de la muerte del fundador de Falange, no habla explícitamente de la guerra. Describe el carácter de los españoles, el daño que los discursos exacerbados de la época hicieron inevitablemente en la población, habla del odio que se había ido alimentando durante los meses anteriores al estallido de la guerra.

Encontré, en otra de las descripciones que hace de los personajes, gran similitud con la actualidad. Leedlo como si fuera una adivinanza:

Cauto, no fuma, no bebe, no juega y no es mujeriego. Tiene una extraordinaria capacidad de organización, conservador, puntilloso, su sentido del deber le impedirá actuar contra la República, exaspera a sus compañeros en la misma medida en que lo necesitan […]

Unos y otros están de acuerdo en que hay que contar con él; el problema es que nadie sabe si realmente se puede contar con él y hasta qué punto…  No responde, evade meterse donde nadie le llama. No escucha proposiciones ni las hace. Da órdenes, cumple las que le dan y dice que lo demás no le incumbe.” 

Por esa razón a Franco lo tenían en Canarias.

Comparto más sentimientos con Rufián de los que me gustaría, pero no me gusta ese tono, bélico y agresivo, mordaz e irreconciliable, despreciable.

En este país tenemos que convivir todos, a poder ser en paz y con la mayor de las armonías.

Me gustaría que los políticos bajaran el tono, se convirtieran en entes constructivos al servicio de todos los españoles.  De TODOS.

No creo en los insultos, en las faltas de respeto, en los linchamientos. No me gusta verles entrar como un elefante en una chatarrería. No se tengan que arrepentir después de un daño innecesario.

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