Se tiende a querer desenmascarar la bondad desinteresada de cualquiera. Se busca, se rebusca, se cava, se saca arena, se pone todo patas arriba hasta encontrarlo: ese grano de arena que te hace frágil, humano, eso que no hiciste bien, que no salió como te gustaría.

Puede ser ínfimo, imperceptible y casi invisible; pero existe.

Si buscas, lo encuentras.

La basura obvia y aparente no interesa, la oculta y misteriosa, la ficticia, tiene mucho más morbo, más caché, más drama.

La mili nunca fue igual para todos los españoles, se contribuía de muchas maneras en la gran defensa de la nación. Las mujeres estaban exentas, los hombres, podían, según sus medios económicos,  eludir o mejorar el servicio.

En este país hubo un tiempo no muy lejano en que pagando mil pesetas hacías una mili de diez meses, pagando dos mil estabas sólo cinco. Y si no podías pagar ninguna cuota estabas tres años.

Por eso, han existido siempre dos auténticas varas de medir: dos milis.

Llegó la objeción de conciencia y tanto insumiso acabó con el sistema.

La conciencia, ¡sí, señor!, ese invento tan propio, tan individual y tan mezquino. Ese sentimiento tan distinto en cada uno de nosotros, pero tan arraigado, tan afianzado y tan determinante en nuestra forma de ver la vida. Te hace observar con claridad el paisaje o te impide por completo disfrutarlo.

Me atrevería a creer que nuestra conciencia nos ciega. Metemos dentro cosas solidas, irrompibles, inquebrantables. Y ¡ojo!, cuando se tambalea algo de lo metido en la conciencia se te caen uno a uno todos los ladrillos de tu casa.

A una persona de izquierdas nunca se le puede (ni se le debe perdonar) aspiración económica alguna.

¡Esta gente, tan progre y tan desinteresada!, ¡tan preocupada por su prójimo! Deben vivir debajo de un árbol, ir caminando al trabajo, pasear en taparrabos… Ser coherentes con su absurda ideología.

Uno solo tiene derecho a preocuparse de los mendigos, de los refugiados y de los pobres si vive en la más absoluta miseria.

¡Y no trates de explicarte! En el fondo eres un niño malcriado, un pijipi sin conciencia alguna ni moral.

¿Qué es eso de tener casa, coche, un montón de ropa (¡y ropa buena!) y preocuparse por los demás? ¿¿¿Estamos locos???

A una persona de izquierdas se la tilda de amoral o de hipócrita en cuanto cruza la puerta de El Corte Inglés.

¿Cómo osas comprarte un piso, venderlo en las condiciones que te obliga la ley y seguir siendo de izquierdas?

¡Hay gente pero qué muy atrevida!

A una persona de derechas se le perdona cualquier transacción económica amoral o incluso ilegal que vaya en sintonía con su propio beneficio (¡le va en el sueldo!). ¡Hombre por Dios! ¡Para algo es “uno” un buen conservador! ¡Un buen cristiano!

Solo faltaba que en pleno siglo XXI un ladrón se tuviera que andar justificando ¡Qué disparate! ¡Qué desfachatez! ¡Qué atrevimiento!

La obviedad resulta a veces tan lamentable y tan ridícula que se hace insoportable y bochornosa.

Parece mentira, tantos años después de abolido el servicio militar, que sigamos haciendo todos distinta mili.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s