Hace mucho, mucho, tiempo… En una isla muy bonita y muy lejana había un joven gallego llamado Fidel, (¡perdón! quise decir David), que era muy terco y muy valiente.

Era un hombre solo, muy frágil y muy pequeño frente a todo un ejército. Él ayudaba en el campamento en la guerra que el pueblo de Cuba, (¡perdón! quise decir Israel),  tenía contra el general Batista, (¡perdón! quise decir filisteos)

Un día, un gigante muy, pero que muy enorme, llamado capitalismo, (¡qué no!, ¡que se llamaba Goliat!) salió al frente de batalla y dijo a los cubanos:

—A ver… ¿Hay alguno de ustedes que quiera enfrentarme? ¡Ninguno de ustedes me puede vencer!

Entonces los cubanos tenían temor porque el capitalismo era muy grande y fuerte.

Pero Fidel dijo:

—Déjame pelear. Yo puedo vencerlo.

—Pero Fidel, tú eres muy pequeño. ¿Cómo podrías ganarle tú al capitalismo? preguntó el pueblo.

—Yo puedo vencerlo. Sé que nunca dejaréis que el capitalismo me venza y yo tendré para vosotros la victoria.

Fidel apenas tuvo el permiso del pueblo, se fue al río y consiguió unas piedras muy lisas. Luego se fue al campo de batalla.

— ¿Este enano va a pelear contra mí?  En menos de diez segundos lo venceré y lamentarán haber sacrificado la vida de este joven al ponerlo frente a mí -sentenció el capitalismo.

—Yo te demostraré que puedo vencerte a pesar de mí tamaño. El pueblo está de mi lado y yo confío en él.

El capitalismo se reía, mientras que Fidel puso en su honda una de las piedras que había recogido en el río para utilizarla como proyectil.

Fidel, seguro de sí mismo, empezó a darle vueltas a su honda agitándola circularmente.

El capitalismo se seguía riendo pero en un momento sorpresivo Fidel le lanzó la piedra directamente a la frente.

¡El capitalismo no pudo hacer nada!

Entonces en ese momento cuando los capitalistas vieron la derrota, se fueron corriendo y los cubanos ganaron la guerra.

David venció a Goliat.

Pero Goliat se volvió contra David: llegó el aislamiento, el abandono, la miseria, la pobreza de su pueblo, el exilio de sus gentes… Sumiendo al país en la más absoluta pobreza.

David murió, años después; fiel a sus grandes ideales.

Goliat, morirá también, años después, fiel a sus grandes ideales.

La pobreza, por desgracia, no parece morir nunca, asolará siempre al pueblo y nunca a David, ni a Goliat, ni a sus grandes ideales…

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