Buenos días de lunes:

Sigo trabajando con la versión novela de El gen viajero. Ahora me toca revisar, corregir, maquetar y volverme loca 🙂 🙂 🙂

Os dejo un trocito de Vietnam:

“Nos subimos a un taxi y cuando estábamos llegando al hotel le pegué un codazo a Roberto, que se estaba quedando dormido. Le señalé el taxímetro, un cacharro antiguo, de fondo negro y dígitos blancos. Sus números se habían vuelto locos, corrían con prisa, cambiando a toda velocidad.

Él, abriendo mucho los ojos, puso cara de indignado. A mí me dio por reír.

– ¡No nos vamos a pelear por un euro! —le susurré bajito.

– ¡No es por un euro! —bufó Roberto—.  ¡Es el descaro! Lo que no es normal es que ese cacharro empiece a correr de repente como si le estuviera persiguiendo Usain Bolt. Cuando antes iba a paso de tortuga.

Suspiró enfadado, y mirándome muy serio me dijo:

– ¡Esto es una estafa!

Eran las cinco de la mañana, hacía frío y estábamos agotados tras una noche en tren. Nos veíamos débiles para afrontar otra disputa vietnamita.

Le señalamos el cacharro y empezamos a protestar. El hombre se hizo el loco, como que no entendía nada de lo que le decíamos. Paró el coche ante la puerta del hotel y nos miró con cara de: “¡Páguenme,  demasiado tarde para protestas!”

Pagamos y nos bajamos, tirando de las pesadas mochilas.

Esperando cansados, en la oscuridad de una calle de Hanói, a la vera de una puerta cerrada, pensé que aquello era similar a la vida.

Durante años los días transcurren lentos y pesados, y de pronto llega un momento, sin venir a cuento, en el que el tiempo todo lo acelera.

Deja de ser tiempo para ser aire: inalcanzable, impredecible y etéreo. Los días comienzan a volar ante tus ojos, vas de un mes a otro sin darte cuenta. Los años pasan, casi sin testigos, y te sientes un tanto estafado, frustrado y dolido

¿Por qué ahora, con todo lo que yo quiero hacer, me pasa la vida tan deprisa? ¿Por qué ahora, no soy capaz de calmarla? ¿Por qué ahora, no puedo pararme y pensar un poco más las cosas, detenerme, disfrutar o lamentarme?

El ahora de hoy es sin más, el temido mañana.

No termino de dar un paso y ya se ha borrado la vieja pisada. No he puesto un pie en el suelo y ya se marca la huella dejada. No he elegido ni buscado mi destino y ya estoy a mitad de camino.”

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Un comentario sobre “Vietnam

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