No veo la televisión. Aunque tú no lo sepas. No acostumbro.

Siempre me ha gustado tirando a “poco” y desde que tengo hijos aprovecho cualquier oportunidad para sentarme a leer, o a escribir.

Casi siempre a leer.

Ayer recogía la cocina, guardaba los platos en el lavavajillas cuando recordé que en la dos tenían programado un ciclo de cine sobre la guerra. Busqué el mando para quitar Clan y al cambiar comenzaba un programa.

Era ese programa cultural que me deja cada poco con la boca abierta: #imprescindibles.

He visto en él a Antonio Muñoz Molina, a Buero Vallejo, a Carmen Laforet, a Antonio Gala, a José Luis Sampedro…

Abre una ventana al mundo interior de tantos “imprescindibles” que no me canso de mirarlo. Todo lo hacen de manera íntima y personal, lo hacen mágico. Cuando termina tienes la sensación de que has estado charlando con ellos, de que te han mirado a los ojos. Sientes que los has conocido en persona. Solo te ha faltado tocarlos.

Aunque tú no lo sepas me han saltado las lágrimas y han volado sonrisas. He sentido envidia de tus alumnos.

Federico García Lorca, Ángel González, Joaquín Sabina, Almudena Grandes… todos mis dioses en tu documental y yo no te conocía.

Hace poco leí “Mañana no será lo que Dios que quiera”, con mi paisano, Ángel González. ¡Me encantó! Pero al verte ayer me di cuenta de que a ti no te ponía cara, no te ponía mirada, no te ponía voz. No te ponía en la boca: “Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi”. Solo te ponía una mujer: mi idolatrada escritora.

Me emocioné tanto con el final que me hubiera gustado que fuera el principio.

Lo he visto tantas veces esta mañana, que he dejado de hacer otras cosas para escribirlo, leerlo y releerlo:

No recuerdo la primera vez que vi el mar.

Recuerdo, sin embargo, la primera vez que mi padre me leyó en voz alta la canción del pirata de Espronceda.

Ese día entré en el relato, me convertí en un habitante de las palabras. Reconocí mi rebeldía en la libertad de un personaje que navegaba sin miedo por el mundo.

No se trata de que para mí sean más importantes los libros que la vida. Lo que ocurre es que no entiendo la vida sin los libros.

Que se vive tanto en una plaza o en una calle como en un poema.

Conmigo van las mañanas de colegio en las que descubrí a Antonio Machado. La infinita melancolía de la adolescencia en la huerta de San Vicente con Federico García Lorca. Los primeros años en la universidad.

La luz de Cádiz compartida con Rafael Alberti.

Vivir, convivir. Celebrar lo que se tiene. Recordar lo que se ha perdido.

Da rabia que nunca haya tiempo para las cosas importantes. Para hacer posible esa conversación que nos devuelve a la verdad de nosotros mismos.

Los poetas trabajan su soledad y piensan en todos.

Piensan en ti.

Aunque tú no lo sepas.

Siempre digo que mi escritora favorita es Almudena Grandes. Ayer me enamoró su marido.  Hoy me he comprado uno de sus libros de poemas, veremos este romance en qué acaba.

Después algunos me dirán que la tele no educa.

   

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