Hace tiempo que no escribo de política. Hace tiempo que no hablo de política. Hace tiempo que miro perpleja el televisor pensando: «¡Qué coñazo! ¿Esto no se acabará nunca…?».

Es horrible.

No sé si los españoles somos tontos o solo lo parecemos. No sé si Pedro Sánchez es mejor que Susana Díaz, si es normal que gobierne un partido desde la cárcel o si Pablo Iglesias ha venido al mundo para destruir España.

No sé a quién sorprende la corrupción de los populares, a quién pilla de improvisto la división de los socialistas o a quién altera el obcecamiento descarado del resto de partidos.

La derecha española arrastra privilegios heredados del franquismo, defiende el enchufismo y la asignación arbitraria de bondades. Al fin y al cabo ese es su modus operandi. Lo ha sido siempre. Despachar entre amigos, resolver bajo manga y mirar únicamente a su ombligo.

No debería asustarnos, sorprendernos ni escandalizarnos. «¡Pero si esto toda la vida se ha hecho igual!» Le dice Mariano a un vecino en el portal. «¡Pues nada, si siempre se ha hecho igual por algo será..!». Entiende Felipe.

«La izquierda,… ¡Uuuuy… la izquierda! Menudos pájaros» anuncia Mariano.

Existe cierta izquierda burguesa, esa que va con chaqueta de pana de la mano del pueblo y después tiene su yate, su desayuno con el Rey, sus viajes en business…

Al fin y al cabo se lo pagabais a los otros y no protestabais tanto: «¿Qué queréis, que viajemos en burro? ¿Que tengamos el aspecto del “coletas”? ¿Que seamos el hazmerreír del resto de Europa?» protesta Felipe.

Esa izquierda, por llamarla de alguna manera, es la que persigue. Su objetivo es poner a su nombre los bienes del franquismo. «¡Qué ya va siendo hora que los lujos nos los peguemos otros, que en determinados puestos pongamos otra vez a los nuestros, que el dinero lo reparta de nuevo yo!» exclama Felipe.

Están metidos en el portal esperando a que deje de llover:

—Esperar no es fácil, Mariano, no te creas….

—A mí me lo vas a contar, Felipe… A mí me lo vas a contar…

Juntos analizan los buzones, observan las nubes por el cristal de la puerta y esperan a que escampe, para poder salir a escena y celebrar que ya está todo resuelto, que ya no llueve, que han trabajado durísimo por el bien de la patria… Todo lo han resuelto en el oscurantismo, en la clandestinidad y en el anonimato que te da el portal… ¡Por el bien de España!

Después cantan, alborotan y si hace falta apedrean al contrario.

Los sentados estamos incomodos. Uno se retuerce en la silla y se pilla una mala ostia que no veas Somos los inconformistas, los que nos apoltronamos en el sofá con mala cara a verlas venir. «¡Oiga usted, pero que estamos incomodos!»  ¡Nos hemos sentado, pero  incomodísimos! «¡Pues nada,  si está usted  por lo menos incomodo”, algo hace!».

Después están los de Izquierda Unida, los pobres. Nadie los comprende. Pasan por el portal arriba y abajo que ni se les ve…

Hasta que una mañana te levantas hasta las narices y tienes una bronca enorme con el jefe. Resultado de un cúmulo de cosas: meses de reclamar que te paguen las horas extras, que te suban de categoría porque haces trabajos que no te corresponden, que te autoricen las vacaciones…  Años de aguantar el favoritismo al compañero, de ver como ascienden a los demás y tú cada día eres más pequeño. Años de soportar a un cabrón que te hace la vida imposible… ¡Ay, amigo! Entonces sí. Ahí comienzan las carreras y los empujones, a la caza del primer sindicalero comunista que te comprenda, que te diga que está de tu parte, que tienes razón, que nada es legal.  A llorar las penas siempre vamos a los mismos, esos que son bien pocos, pues por número de votos obtenidos andan escasos.

«¿Y los nuevos? ¿Qué me decís de los nuevos?» Esos son los peores, que no acaban de llegar y ya se creen que son los reyes del mambo. ¡Como si fuera tan fácil resolver el entuerto! De tanto fumar porros se les va la cabeza… ¿¿¿Pero, adónde van??? ¡¡¡Qué se van a matar ellos solos!!! Quieren derrocar a la izquierda y a la derecha. ¿Y después, qué hacemos? Con lo tranquilos que estamos los españoles agarrados cada uno a su palo. Todos tan tiesos, tan dignos, tan ofuscados.

A muchos de los nuevos les ha dado por izar la bandera de la República y la mayoría no saben ni quién era Sanjurjo. «¿Pero adónde vas, mequetrefe, con esa bandera? Le pregunta Mariano a un joven indignao que pasa entre él y Felipe: ¡A la manifa del 1 de mayo! le contesta el chaval de mala gana…  ¿Pero a qué manifa ni a qué manifo, alma de cántaro? Le pregunta Felipe. ¡¡¡Si la bandera que llevas al hombro es la de los maricones!!!

Estos… No tienen ni idea de ná. Ni de banderas…

A la gresca, como siempre, y la casa sin barrer…

 

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