Este otoño nos vimos.

Hacía un par de años que no quedábamos, que no paseábamos juntas, que no veía tu mar, ni contemplaba tu calma. Que no sentía tu luz, ni disfrutaba tu agua.

Decidí, en lugar de quedarme tumbada en el hotel, irme a recorrer la tarde por tus calles, en soledad, o mejor aún, en  tu silencio y tu compañía, como quien lo hace de la mano de una vieja amiga. Con confianza, con el calor de la amistad que te dan los años y con la impagable complicidad que nos surgió antaño.

Me encontré una ciudad casi dormida, de aire frío y colores grises. Me encontré una ciudad muy distinta a la que estaba acostumbrada. Me encontré una ciudad extrañamente callada.

Por sus calles fuimos hablando la una con la otra. Recordando mil hazañas. Emulando algún olor y algún sabor. Degustando la comida de un vegetariano inolvidable del Barrio Gótico, las copas de una discoteca muy extraña y el mercadillo donde vimos a Isabel Coixet.

“¿Recuerdas la primera vez te vi, con veinte años, y me pareciste tan espectacular y tan inmensa? ¿Recuerdas el infinito túnel que no me atrevía a curzar en El Prat para coger después el cercanías?  ¿Recuerdas cuando caminé descalza por tus calles luchando por un taxi a las seis de la mañana?”

Me acordaba de todo: del calor húmedo del primer verano, de comer croquetas a la orilla del mar en La Barceloneta, del chico que gritaba incansable “cocacola, cerveza, birra, beer…” Recordaba a la perfección “El bosque de las hadas”, ese mágico café al que me llevaste recorriendo Las Ramblas, la cita nerviosa en Plaza Cataluña, el asfixiante metro sin aire acondicionado.

Tantos… y tan distintos viajes a Barcelona: la interminable obra de la Sagrada Familia, la noche que nos perdimos en el Raval, los azulejos variopintos del antro de Carmen de Mairena, la encerrona de una cita a ciegas planeada a mis espaldas y a traición…

Mientras tanto, nos envolvían ahora, en este sábado de otoño, raídas y sucias banderas, que colgaban de todos los balcones. Envejecidas, tullidas y malgastadas. “¡No recuerdo, antaño, tanta bandera!” te comenté. Tuve la impresión de que con silencio ya me contestabas.

“Me enamoré rápido de ti” te dije; “pero después, apareció Madrid y te dejé plantada”.

Entré en una tienda a comprar una bufanda. Tenía frío. ¡Así es el amor! Del calor al frío, y del frío y al frío… Al salir me detuve en la puerta. Me di cuenta que en mi otoñal paseo (para variar) me había perdido.

Encaramado y solemne avisté Montjuic.

Decidí subir a hacerte fotos.

En el horizonte me imaginé la cuidad en enero de 1939 (acababa de leer “¡Quemad Barcelona!” de Guillem Martí). Me imaginé la huida, el terror, el frío húmedo calando los huesos, la ciudad sitiada, quizá la nieve.

Me quedé, absorta en mis cavilaciones, observando el agua de la fuente.

Las fotos no te hacían justicia.

Me dispuse a entrar en el Museo. Me fascinó la cantidad de gente que por allí había. Colas y corrillos, grupos de turistas, algunos locales…

Me perdí dos horas  por sus grandes salas. Un sábado por la tarde, sin pagar entrada. Me dejo pasmada, y con la boca abierta, en una esquina, un enorme cuadro de Velázquez, un magistral e imponente San Pablo. Disfruté de Dalí y de Miró, pero también de Picasso.

Al salir, me sorprendió muy oscura la noche, no tan fría como yo esperaba.

Por la mañana nos invadió la luz, el sol y el calor de tu cielo. Subimos con ilusión al Tibidabo. La cuidad, vista y descubierta desde allí, volvía a ser aquella de otras veces: mágica, resplandeciente, cálida, llena de encanto.

En estos momentos de gran dolor pienso que Barcelona se sobrepone a todo. Es fuerte, libre, capaz, organizada. Romántica y práctica. Silenciosa y estridente. Elegante y vulgar.

Unos pocos no pueden más que todos juntos.

Barcelona es una ciudad maravillosa, llena de gente extraordinaria, de extranjeros buenos y de locales buenos. Llena de cultura, de arte, de música y de color. De restaurantes extraordinarios y de lugares inolvidables. Llena de luz; llena de vida.

Es una ciudad inolvidable en su conjunto. Multicultural y multiracial, colosal en su diversidad y en su enorme colorido; su mayor grandeza. su mayor riqueza.

Confidente y amiga. Hermana y amiga.

Sobre todo, amiga.

 

 

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