Data de enero 1993 la carta que hoy pongo sobre la mesa.

George Bush padre se la escribió a Bill Clinton, recién llegado a la Casa Blanca. Las diferencias ideológicas entre republicanos y demócratas no supusieron ningún inconveniente a la hora de dejar constancia por escrito de los mejores deseos del ex presidente para el futuro del pueblo americano.

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Lejos de admirar la figura de George Bush padre me viene esta carta a la cabeza en el día de hoy.

Hace tiempo que yo esperaba la cuenta, repasaba mentalmente los excesos; sabía que habría sopresas… Creo que me estoy haciendo mayor, me preocupa demasiado la falta de cordialidad, el deterioro de las formas y el poco respeto que manifestamos los unos por los otros.

Hace tiempo que me asalta la seguridad de que la cordura no vende, de que falla el sentido común en demasiados sitios y de que escasean las buenas palabras.

Hace tiempo que el nivel del debate político es horrible, insoportable, que los modales son inaceptables y que los argumentos, cuando brillan, lo hacen siempre por su ausencia.

Estuvimos una semana viendo una y otra vez las mismas imágenes para intentar averiguar si había sido o no había sido penalti, estuvimos una semana viendo como se intercambiaban el adjetivo fascista y el término golpista sin ningún rúbor…

Estuvimos una semana viendo como se menospreciaba una y otra vez la historia de España y como se cuestionaba el esfuerzo de nuestros abuelos.

Hace tiempo que no se trata de tener una velada agradable, que la cuestión no estriba en ganar o perder elecciones. Hace tiempo que todo consiste en que la aritmética parlamentaria te permita tocar el poder. Uno ya no disfruta comiendo, ni disfruta viendo comer a los demás… Parece que la diversión está en aguarle la fiesta al mayor número posible de invitados.

Reviso la factura y tras ver que nos han cobrado lo que hemos consumido, pienso que me encantaría que el que sale deje entreabierto para el que entra. Que el que se va, exprese sus mejores deseos y sus buenas intenciones, que se ponga a disposición del que se queda.

Pago, y les pido que hagan su trabajo y que no nos hagan aborrecer, cada día más, sentarnos juntos a la mesa.

En la propina va incluido que el que gana lo hace para mejorar la vida de la gente, y que el que pierde da un paso atrás con elegancia y vela porque así sea…

En política, del mismo modo que en el resto de facetas de la vida, uno fracasa cuando deja de preocuparse por lo que hace y comienza a inquietarse con aquello que preparan los demás.

Hay ideologías que seguirán avanzando si seguimos fomentando la mala praxis, saliendo de los bares sin pagar, generando tensión, rociando con gasolina las hogueras. No teniendo en cuenta al camarero…

Si consentimos que siga triunfando lo mediocre, si aplaudimos el insulto, si jaleamos al que empuja… Si nos reímos del débil. Si compartimos cualquier información en las redes sociales. Si politizamos todo lo que tocamos sin ningún criterio. Si dejamos de beber si no nos ponen el vino que nos gusta…

Perderemos todos si nos damos por vencidos antes de empezar, si nos conformamos con no votar o si queremos eliminar o anular la opinión de un contrario sin ser autocríticos con nuestros pensamientos.

Si nos olivdamos de la vida real aspirando a la utopía, la vida real seguirá siendo una mierda y la utopía seguirá siendo inalcanzable.

Si nos preocupamos por lo que comen los demás, pero no comemos nosotros, de poco servirá que alguien cocine.

Si no rectificamos nuestros errores a tiempo y nos quedamos de brazos cruzados, seguirá creciendo la basura.

Hay personas a las que se les quita el apetito con demasiada facilidad, otras, en cambio, son capaces de engullir hablando de los temas más escatológicos. Pero todos tenemos que comer a veces con desgana por no hacer empeorar nuestro estado anímico…

Felicito a aquellos que han mejorado resultados en las elecciones celebradas ayer. Espero de todo corazón que hagan de Andalucía una comunidad autónoma ejemplar. Les pido responsabilidad en sus declaraciones, aplomo en su gestión y altura de miras. En mis mundos de Yupi me encantaría que alguno moderara su discurso, que lo llenara de compromiso y de solidaridad, de aliento y de responsabilidad. De empatía. También de cierto cariño y cierta cordialidad.

Aquí, en Andalucía; pero también en Madrid y en Cataluña.

En fin… que desde estos bares, con la cuenta en al mano, desde la diferencia ideológica y desde el RESPETO que tan poco se estila, a punto de sentarme a comer un buen plato de pasta (teniendo bien claro lo que me cuesta), os transmito a todos los que pensáis diferente mis MEJORES DESEOS y a todos los que pensáis como yo mis MEJORES INTENCIONES.

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