De vuelta a las urnas

Se deben creer que somos tontos. No hay otra forma de verlo ni de entenderlo, mucho menos de explicarlo.

Creo que tanto los medios de comunicación como los políticos demuestran, en demasiadas ocasiones, con sus actos y con su falta de respuestas sensatas, el poco respeto que sienten por la inteligencia de los ciudadanos.

Quizás deberíamos hacérnoslo mirar…

Convive con todos nosotros la sensación de que les importa una mierda el bienestar de la mayoría: la sanidad, la educación, el empleo o la violencia de género.

Mientras abundan los cruces de declaraciones, las manifestaciones y las agitaciones de las banderas, los problemas siguen en aumento, la polarización se hace insoportable y el fanatismo da cobijo a más de un subnormal (Dice la RAE de aquel que tiene mermada su capacidad intelectual).

Estamos todos hasta arriba, hasta el moño o hasta el vecino del quinto, cada uno hasta donde aguanta. Pero todos tan por encima de lo estrictamente razonable que no alcanzamos a vislumbrar en qué lugar se han quedado nuestras ideas o nuestros objetivos, nuestras buenas intenciones.

A mí ninguno me representa y me resulta muy duro y muy difícil hacer esta afirmación, pero es la cruda realidad.

Estoy tan cansada, tan congestionada de imbecilidades y tan saturada de hipócritas, me he hastiado tanto de noticias estúpidas que ignoro todo lo demás. Ya no comento en las redes sociales, ya no clico en artículos sectarios, ya no tengo ganas de escribir ni de opinar.

La gente sensata e inteligente no entra al trapo de polarizaciones estúpidas y malintencionadas. Se aleja irremediablemente del conflicto zafio y chabacano. Huye de todo lo que apesta a necedad y no siente ninguna necesidad de explicar conceptos básicos al resto de la sociedad.

Atufa en este país la gente que tiene falta de consistencia en sus ideas y que anda escasa de moral, atufa la ausencia de razonamiento y de argumentario propio, la inexistencia de proyectos solidarios que velen por el interés común. Alguno se ha dejado en casa las neuronas y ha salido a la calle con plena libertad.

No sé si los españoles somos tontos o no. Lo que creo es que a muchos no nos gusta nada que nos quieran hacer parecerlo.

Ahora, para colmo de males, nos van a estropear una fecha hermosa.

¡Abróchense los cinturones, el 14 de abril está a punto de llegar!

 

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