La resaca electoral

Todos y cada uno de los diputados y de los senadores que han obtenido representación parlamentaria están legitimados para gobernar, los de Bildu, los de Vox y los del PNV, pues en una democracia, en una monarquía parlamentaria como la nuestra, es el pueblo el que elige su soberanía a través de las urnas y las urnas ya han legitimado.

Espero que en los próximos años los políticos electos, sean del partido que sean, trabajen para mejorar la vida de la gente y no se dediquen a fragmentar o a dividir diciendo estupideces, que trabajen sin radicalizar su discurso soltando burradas y enfrentando a la población, que trabajen para mejorar la convivencia y la calidad de vida de todos los españoles, en especial de los más necesitados.

España es un país precioso, grande y moderado, que no elige extremos, ni en la izquierda ni en la derecha; que no quiere grandes cambios, ni en la izquierda ni en la derecha; que demanda tranquilidad: en la izquierda y en la derecha.

Los españoles somos personas cultas y equilibradas, que vamos adquiriendo antigüedad democrática y aprendiendo a respetar y a acatar los mandatos de las urnas de forma sosegada.

Si ahondamos en el capítulo de hoy, asuntos que han quedado claros, pesan varias certezas, unas me gustan más y otras menos; pero todas son reales.

La izquierda de este país manifiesta su conformidad o su desacuerdo con la gestión pública dejando de votar. Con la cifra de participación en la mano todos sabíamos a las seis de la tarde que el PSOE había ganado las elecciones. Pese a la alegría que a muchos nos genera la alta participación, me sigue preocupando que más de 8 millones de españoles en edad de votar no votaran, o medio millón lo hicieran en blanco.

Otra de las cuestiones que ha quedado clara es la posición política de la derecha en Cataluña y en el País Vasco, en mi opinión eso les incapacita para gobernar.

Cada uno de los partidos políticos adoptó en campaña su propia estrategia, eligió socios y agitó banderas. Cada uno de ellos decidió su tono, su eslogan y su discurso. Unos moderaron los lemas de siempre, otros buscaron ser el más radical. Alguno incluso proclamó a Pedro Sánchez presidente el día del cordón sanitario.

No me gusta ese menosprecio por las ideas de los demás, por los millones de personas que hay detrás de los votos.

Cada uno hizo lo que consideró oportuno y ahora toca acatar los resultados electorales sin dramas y sin ninguneos, desde un respeto real y profundo por nuestra democracia y por nuestra Constitución.

A lo largo de estos años mi voto siempre ha estado a la izquierda. He votado al Partido Socialista y me he sentido muy decepcionada. He votado a Izquierda Unida y me he sentido en tierra de nadie. Esta vez he votado a Podemos y sin más sufro la derrota.

Sigo pensando en el país que quiero, sigo pensando que Pablo Iglesias, Irene Montero y Alberto Garzón han hecho una gran campaña, sigo pensando que quiero una España republicana, que no subvencione con dinero público a la iglesia católica y que se preocupe por el medio ambiente.

Sigo pensando en la necesidad de una educación laica y en el cuidado de los hospitales. Sigo pensando que son los más feministas y los más comprometidos con la igualdad.

Sigo pensando que la gente de Unidas Podemos es muy válida y muy necesaria, pero no sé cómo explicaros que hoy siento una tristeza mayor que la derivada de unos resultados electorales que no son los que me hubieran gustado.

Me apena mucho el poco respeto que sentimos por los demás.

Si de verdad fuéramos demócratas, una vez celebradas las elecciones dejaríamos la ideología a un lado para pensar en lo mejor para todos.

Si de verdad fuéramos demócratas, lucharíamos por llevar a cabo pactos en los temas más importantes.

Si de verdad fuéramos demócratas, y tuviéramos fe en el sistema que nos ampara, todos nos sentiríamos más o menos representados.

Pero algo falla, y tengo la sensación de que fallamos nosotros.

Me entristece que la gente de izquierdas se alegre tanto del batacazo del Partido Popular. Me podéis creer o no, pero yo sentí cierta pena de Pablo Casado, empatía con una persona de mi edad que probablemente ha trabajado muy duro en campaña. No comparto ninguna de sus ideas, incluso me sacó de quicio durante alguno de sus mítines, pero no me parece bueno para este país que el ala más radical de su partido vuele por su cuenta y tampoco me parece sano para este país que nos alegremos tanto del fracaso ajeno.

Me apena que la gente de derechas celebre la derrota de Podemos entre insultos al aspecto físico o a la pintas de sus candidatos. Sin más criterio que el menosprecio por la gente que, en general, el mayor delito que ha cometido es no compartir con ellos el postureo o las formas.

La noche me resultó violenta y más bien desagradable.

Todos deberíamos esforzarnos en ser mejores personas, en trabajar todos los días del año por hacer que nuestra sociedad sea más justa, en no juzgar a la gente por su aspecto, en no potenciar estereotipos.

Todos deberíamos ayudar al que más lo necesita.

Todos deberíamos tenderle la mano al contrario cuando cae.

España es un país desarrollado, avanzado, democrático, con distintas voces y con diversas opiniones; pero lleno de gente extraordinaria a ambos lados del terreno de juego.

Votar está muy bien y es muy democrático y muy sano, aclara conceptos, manifiesta ideas… Pero votamos un domingo cada mucho tiempo y tenemos que vivir juntos el resto del año.

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