La hija de la española

 La hija de la española, de Karina Sainz Borgo

(Editorial Lumen, 220 páginas)

 

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Un país: Venezuela, una ciudad Caracas; y una mujer: Adelaida Falcón.

Adelaida es la hija de una maestra de Ocumare de la Costa que acaba de morir.

La novela arranca con la muerte de la madre en la unidad de Cuidados Paliativos de un hospital. Adelaida se enfrenta a serias dificultades para dar a su madre una muerte digna y un buen entierro. Todo hay que comprarlo en el mercado negro: las gasas, las jeringas, las bolsas de suero y hasta el algodón; también la quimioterapia.

La hija de la española es una novela extraordinaria, impactante y cruel. Es una tragedia que nos muestra con detalle las grandes dificultades por las que transcurre la vida de la gente en Venezuela: la delincuencia, los asaltos, la falta de sistema financiero, los cortes de luz, el miedo, los disparos, los contenedores incendiados, la violencia de la Motorizada, las agresiones, los secuestros, el mercado negro. El día a día en un país a la deriva en el que la moneda local no sirve para nada y la moneda extranjera es ilegal; tener dólares o euros es un delito de traición a la patria.

La voz de Adelaida es mordaz, agresiva, a veces resulta violenta. En pleno duelo por la muerte de su madre, mientras el país se hunde bajo sus pies, la delincuencia lo invade todo y su casa es ocupada por La Mariscala y sus secuaces (bajo un cartel que pone: Frente de Batalla de Mujeres Libertadoras), la protagonista comienza a echar en falta el ruido de la cisterna de su vecina, Aurora Peralta, a la que todos llaman la hija de la española. Llevada por la curiosidad y por la necesidad de ayuda entra en su casa y se encuentra en el suelo el cuerpo de la mujer. En la mesa localiza varias cartas, una de ellas la cita para la obtención del pasaporte en la Embajada Española.

Emerge ante ella la única posibilidad de abandonar el barco, aunque para ello tenga que deshacerse del cuerpo sin vida de su vecina y también de Adelaida Falcón.

La novela está llena de descripciones preciosas, con un lenguaje limpio y claro que despierta de golpe la conciencia y también las emociones:

«Crecí en un lugar repleto de columpios y toboganes de metal oxidado a los que nadie acudía por temor a la delincuencia, que en aquel tiempo ni soñaba rozar las dimensiones que adquirió con el paso de los años».

Una cita del escritor Juan Gabriel Vásquez te acompaña durante toda la lectura. La autora la incluye en sus primeras páginas:

«Uno es del lugar donde están enterrados sus muertos».

Se usan con frecuencia sustantivos y adjetivos venezolanos, por ejemplo: lonchera (fiambrera), mecates (cuerdas), malandros (delincuentes), balacera (disparos repetidos). También localismos del tipo de m´hija o pa´l valle. La historia es abrupta en la descripción de los hechos violentos, pero utiliza también un lenguaje muy bello y poético en otros momentos.

«El mar redime y corrige, engulle cuerpos y los expulsa».

«El fuego solo purifica a quien no posee nada más. Hay tristeza y orfandad en las cosas que arden».

Explica con claridad la violencia que asola la ciudad y el pánico que siente la protagonista de una forma muy gráfica:

«El humo de los gases lacrimógenos inundaba la ciudad y me hacia vomitar hasta perder el color».

Nos muestra la complejidad y las contradicciones de la sociedad venezolana. Nos impacta con el día a día de mucha gente, con el hambre, con la lucha por sobrevivir en mitad del caos, en un país que fue moderno y próspero, en un país tan unido a España, en un país, en el que, que por imposible que parezca, después de leer este libro, parece que la cosas empeoran.

«No regresar era lo mejor que podía ocurrirnos».

La hija de la española es una lectura imprescindible para entender la situación actual de Venezuela, no la política ni la económica, la real, la de la gente, la de la calle.

Es una novela muy dura, muy bien escrita, la historia de una tragedia a la que, ojalá muy pronto, se ponga freno. Al terminar te das cuenta de que genera un torbellino de debates.

«Solo podemos sepultar a alguien cuando hay paz y justicia. Nosotros no teníamos ni una cosa ni la otra. Por eso no llegaba el descanso, mucho menos el perdón».

Es cierto que carece de una trama tradicional y que se podía haber profundizado más en alguno de los personajes secundarios, pero a mí me parece perfecta. Impactante, motivadora, reflexiva, un novela necesaria y extraordinaria que despierta conciencias y te remueve por dentro, dejando a un lado la política.

Posee un toque costumbrista, en las canciones, en las comidas típicas o en la gastronomía venezolana. El sentimiento de pérdida, de soledad, de desarraigo, el odio o el rencor son una constante.

«Dejar atrás, ese prodigio que confiere el Atlántico a quienes lo cruzan».

Aviso a navegantes: es una novela de las que dejan poso y varios días de resaca. Impacta. Abruma. Sobrecoge. Duele y ofende. La verdad es que no creo que pueda aburrir ni dejar indiferente a nadie.

«Vivir, un milagro que aún no llego a entender y que muerde con la dentellada de la culpa. Sobrevivir es parte del horror que viaja con quien escapa. Una alimaña que busca derrotarnos cuando nos encuentra sanos, para hacernos saber que alguien merecía más que tú seguir con vida»

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