La madre del cordero

¡Y dices que mi sitio es este!

No ladras, no gruñes, no mueves la cola.

Me miras.

¡¡Y dices que mi sitio es este!!

Te vas. Me dejas. Suspiras por el pasillo.

Te veo por el rabillo del ojo.

Desapareces y pienso: ¡Y me lo dices a mí, que caminé a tu lado bajo la lluvia, que vigilé tu sueño cuando estabas enfermo, que acaricié tu pelo durante horas!  

Indignada sigo murmurando: ¡¡¡Y dices que mi sitio es este!!!

Te has ido sin mirar atrás.

Lo dices tú. Lo eliges tú. Decides tú.

Me ignoras y me abandonas. Me obligas a sentarme en el suelo en un rincón, como si este cuento fuese solo tuyo y yo fuera un burro amarrado a la puerta del baile.

¿Quién es el dueño? ¿Quién es el perro?

¿Quién obedece?

De pronto aparece ante mí la madre del cordero: ¿Mandas tú o mando yo?    

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