Atlas de geografía humana

El destino me ha llevado a un libro como me llevaba hace años a amanecer en un lugar extraño. No penséis mal, a un bar, a otra ciudad, o a otro pueblo distinto al esperado. Siempre empujada por unas fuerzas sobrenaturales y supremas: paranormales. Esas fuerzas que me habían ido enrollando a lo largo de la noche y que al final me acercaban al día en un sitio que no era el programado. Que si me encuentro con Fulanita que hacía mil años que no la veía y teníamos mil cosas que contarnos, que si cruzaba la mirada con Menganito que estaba igual de bueno y era igual de imbécil que hacía dos años. Que si nos tomábamos la última copa y nos íbamos a casa, ¡que sí!, ¡que sí!, que esa era la última y nos íbamos a casa… Que no se dice la última, que siempre es la penúltima…

En fin, que ahora una desbloquea el móvil para mirar la hora y cuando se quiere dar cuenta está hablando con una amiga de un producto nuevo e innovador para limpiar la cara, ojeando un libro que no tiene ganas de leer, pero del que todo el mundo habla, y leyendo una revista de cotilleos para salir un poco de lo agrio del panorama político español.

En un abrir y cerrar de ojos han formado gobierno, te has comprado un vestido que sabes a la perfección que vas a devolver en cuanto te llegue a casa; estás a punto de pedirte una crema que no te vas a poner, o que solo te vas a poner el primer día, porque a estas alturas de la película ya tienes asumido que nunca tendrás constancia para hacer determinadas cosas; y te quedas empatallada y estupefacta, con la boca abierta al ver la foto súper sexual de alguien de tu quinta, a quien buscas y rebuscas bajo la capa de maquillaje que lleva encima.

Después llega la pregunta rara: ¿De qué será ese cargo raro que tengo en la tarjeta?

A saber…

En definitiva, que yo, que creía que me había leído todos los libros de Almudena Grandes, y me estaba mordiendo las uñas esperando La madre de Frankestein, estaba en Japón, en Tokyo para ser exactos, en un hotel igual de diminuto que de perfecto, trasteando con el móvil, y llegué, no sabría decir ni cómo ni por qué, a una entrevista de la autora, y en esa entrevista estaba su marido, y su marido recomendaba la lectura de Atlas de geografía humana. Y si Luis García Montero recomiendo un libro yo me leo, y más si es de mi escritora favorita. Y el título me rechinó en la cabeza, y me sonó extraño, y me lo compré, y el libro llegó a mí, como dicen los grandes lectores, y no yo al libro; en el momento adecuado y perfecto para leerlo.

Pues me encontré con una novela apasionante, llena de mujeres que rondan los cuarenta y que se replantean su vida desde el principio. Divagan sobre cómo han ido perdiendo los años, cómo se han ido cayendo poco a poco, lentamente, pero a la vez a toda velocidad, como los pétalos de una margarita entre un me quiere y un no me quiere, diluidos entre sentimientos que no sabían identificar entonces y que se empeñan en entender ahora. Entre decepciones, errores y aciertos.

Y así me encontré con Fran, con Marisa, con Ana y con Rosa. Y me enamoré de un hombre común, atípico y sencillo, de un autor que creo que se llamaba Julio Álvarez, pero no lo tengo claro, el nombre no importa demasiado.

Y la lectura me devoró, como hace siempre este genio de la literatura, esta mujer a la que admiro y odio por partes iguales. Esta escritora que me revuelve y que me emociona con todo lo que dice, que me deja la mayor de las resacas.

Siempre que acabo un libro de Almudena Grandes lo hago con la sensación de que esta es su mejor novela, y aunque ahora haya dado un paso atrás y me haya zambullido en el pasado, leyendo una obra suya publicada en 1998, lo acabo con la misma sensación con la que terminé Los pacientes del doctor García: esta es su mejor novela.

Y aunque esta sea una reseña atípica, os diré que me he sentido identificada con las cuatro protagonistas, que no he tenido favorita, que me han gustado todas, aunque Rosa me ha caído peor en algún momento, y me he sentido muy identificada con Fran en su soberbia, aunque mi vida no tenga nada que ver con la suya. Y me ha gustado Forito, y el tema del amante, de Nacho Huertas, me ha dejado chafada desde el principio. Y aunque me muera de envidia de lo bien que escribe esta mujer, he disfrutado de la lectura como nunca; o como siempre.

Pues siempre que la leo derrapo, me deja con la boca abierta, da igual que la novela sea de los años 90, que transcurra en el 36, que tenga cien hojas o setecientas, que me dé ganas de comer rosquillas o de fumar.

Que no os quiero contar más, que la leáis, que yo sé que mi público (reducido pero maravilloso) es casi siempre femenino, que la mayoría ronda mi edad y tiene mis mismas inquietudes, y muchas veces los mismos gustos. Que la leáis aunque no sea la novela de la que ahora habla todo el mundo, aunque no sea la novela más conocida de esta autora, aunque os cueste trabajo encontrarla.

Leedla y me daréis la razón. Es un regalo, un manojo de hojas llenas de emociones comunes, una explosión de sentimientos, un lugar para habitar, una novela preciosa.

Es un libro de resistencia, ante la vida, ante las dificultades y ante el paso de los años, un libro soberbio, un libro precioso, insisto, como todos los libros de Almudena Grandes.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s